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David Martín

Una Decisión Inminente

Una vez se ha ido Sardinio, Wilfred empieza a subirse por las cortinas de los nervios. No sabe qué hacer. Su buen corazón le ha llevado una vez más a meterse donde no le llaman. Samuel se ha ido del piso en busca de alguna trampa para ratones. Wilfred está solo en el piso...Piccolini no está a la vista. Wilfred comienza a buscar a la causa de su discordia sin ningún éxito. La zapatilla de Samuel se mueve poco a poco hacia un armario. Wilfred la levanta y se encuentra a Piccolini con cara susto. Piccolini le implora que no le mate, que no quería meterle en líos. Wilfred, entristecido al ver al ratoncito tan indefenso, le dice que no sabe qué hacer; que está con la espada contra la pared.
Piccolini, que sigue tapándose la cabecita con sus patitas, le dice que igual debería buscar a otros gatos para revolucinarse contra los Atunelli. Wilfred le dice que necesitaría a muchos gatos para derrocarles. Piccolini se vuelve a animar y le dice que le ayudará. Sale corriendo hacia la ventana, que sigue abierta, y le dice a Wilfred que le siga. Ambos bajan por las escaleras de metal que están enganchadas al edificio, aunque Wilfred baja muy lentamente. Piccolini se gira y le dice que acelere el paso, pero Wilfred le dice que tiene vértigo. Piccolini, de repente, pone cara de aterrorizado y grita: "Un perro viene detrás! ¡Corre!" Los pelos de Wilfred se ponen de punta y ambos bajan embalados por las escaleras. Una vez abajo Piccolini se empieza a reir. Wilfred que sigue corriendo para esconderse debajo de un coche se da cuenta de que le había tomado el pelo. "¿Has visto que rápido se te ha quitado el vértigo?" Wilfred asiente dejando entrever una pequeña sonrisa felina.
Piccolini le explica a Wilfred que en la floristería de la Señora Pérez se suelen reunir los gatos a estas horas para charlar y para merendar. La dueña de la tienda es una gran amante de los gatos y suele darles comida. La expresión perpleja de Wilfred no se desvanece de su rostro. Piccolini le da una palmada en la cola y le dice que puede tratar de convencer a estos gatos para empezar esa revolución contra los Atunelli

La amenaza de Atunelli

Wilfred entra de nuevo en casa bastante animado. En el fondo siempre había querido que Samuel le regalase a Diego , pero obviamente era mucho pedir. Al ver a Samuel comiendo unos cheetos y viendo un partido de futbol se da cuenta de que Piccolini no está a la vista. Wilfred, enfadado, empieza a buscar alrededor del apartamento sin encontrarlo. De repente ve la bolsa de cheetos de Samuel moverse hacia el borde del sofá. Wilfred trata de acercarse a la bolsa sin que se entere su dueño. Justo cuando tiene la oportunidad de meter la zarpa en la bolsa y sacar a Piccolini oye unos ruidos en la ventana del apartamento.
Samuel, que está histérico gritando al equipo contrario, no se da cuenta, pero en la ventana se encuentra Sardinio. Éste es el mensajero de los Atunelli. A Wilfred se le había pasado el tiempo y se había olvidado de que tenía que entregar la caza de la semana. La bolsa de Cheetos empieza a mover de nuevo y Wilfred le da un empujón para apartarla del campo de visión de Samuel. Éste mete la mano en la bolsa sin darse cuenta de quién está en su interior. Wilfred corre hacia la ventana y la empuja hacia arriba con su cabeza. Sardinio , un gato persa de color blanco impecable, se está afilando las uñas. Le mira y le dice medio riéndose, "¿Me das tu caza de la semana...o esta semana se te han escapado las moscas?" Wilfred saca de debajo de una planta una bolsita de plástico que contiene 4 moscas. Sardinio se ríe a carcajadas y le dice que es un triste gato...
De repente Samuel grita histérico. Se levanta del sofá y sale corriendo hacia la cocina: "¡Un ratón! ¡Qué asco!" A Sardinio se le abren los ojos verdes y mira a Wilfred interrogantemente. Sardinio le pregunta que cómo es posible que haya un ratón viviendo en el apartamento de su dueño y que no se haya dado cuenta. Wilfred titubea y le dice que no sabe. Mientras Samuel corre por la habitación con una escoba buscando a Piccolini. Sardinio de forma amenazadora le dice que la semana siguiente quiere un ratón en la bolsa de plástico, sino habría consecuencias...

La Canción y el Hijo del Vecino

La Canción y el Hijo del Vecino Piccolini canta:
"When you´re alone, even when you´re at home you´ll always have me!
Im the mouse of the house, the one you can talk to when you´re feeling akward, kitty that´s me!
So keep your fangs in your mouth, your nails glued up, and your appetite satisfied so you dont decide to eat me. Though Im tender like loin, and worth several coins, Ill always be better company than a late, late ,late evening meeeeeeal!
So Kitty the mouse in the house, with whom you´ll share the couch will give you lots of companyyy!"
Wilfred se queda atónito sin saber qué decir. Ese ratón gordinflón se acababa de marcar un glorioso baile ante sus ojos con una alegría que no había visto en mucho tiempo. Piccolini, que seguía esperando una reacción por parte del gato, se rasca por debajo del cuello con el palillo. Wilfred le dice que no sabe...que tiene que pensarselo y que si decidiese que se puede quedar tendría que imponer unas normas. El ratón le dice que dispare. Wilfred le dice a Piccolini que le acompañe al salón donde está Samuel todavía durmiendo. La primera condición, le dice, es que el verdadero dueño de la casa no le podía ver. Piccolini asiente sin ganas. Wilfred le dice que siempre deberá obedecer sus ordenes ya que el orden de cadena era Samuel él y luego el ratón. Piccolini ya no estaba tan contento y su expresión se estaba distorsionando. Cuando Wilfred acaba con una lista larguísima de cosas que no debe tocar ni hacer Piccolino le dice que más que un piso compartido parecía un getto de la II Guerra Mundial con un gato llamado hitler. De repente unos pasos en el pasillo alertan a Wilfred que va corriendo a la puerta. Alguien le da unos golpes y Wilfred se pone a maullar. Piccolini se esconde detrás de un sofá ya que Samuel se despierta lentamente. Se acerca a la puerta y dice, "Sal un rato jodido gato". Justo afuera está Diego el hijo de la vecina, es un chaval bastante simpático y suele darle cariño a Wilfred. Antes de salir Wilfred mira atrás y le dice a Piccolini que acepta las normas o se va ya que compañía ya tenía siempre que quería (mintiendo). Una vez en el pasillo Diego, emocionado, coge a Wilfred y lo empieza a sobar. "Ey gatito, tú sí que me entiendes, en casa como siempre he sido un poco travieso se piensan que lo del ladrón de meriendas no es cierto; que es algo que digo para llamar la atención" Wilfred ronronea animadamente alegrándose de tener un vecino que le quiere y confía en él.Tras escuchar unos gritos que provienen de su casa Diego se levanta y le dice que igual luego se pasa por su casa y le pide a Samuel jugar con él un rato. Wilfred maulla emocionado mientras Piccolini mira por la puerta asqueado.

Pon un ratón etu vida

Wilfred salta desde la ventana al suelo y se dirige con rapidez hacia la cocina. Su pelaje está todo erizado por la curiosidad que siente. La caja moviente no deja de moverse. Ésto es lo más excitante que ha ocurrido en la vida de Wilfred desde hace por lo menos un mes. ¡Pocas veces se encontraba una caja de "Cheerios"con vida propia! Una vez que se encuentra en la cocina Wilfred no puede evitar maullar por curiosidad. De repente la caja se deja de mover y un silencio absoluto invade la cocina...excepto por los ronquidos que provienen del salón, donde Samuel sigue durmiendo. De repente cuando Wilfred ya está debajo de la mesa, la caja de cereales cae derramando su contenido sobre Wilfred. Éste al ver los cheerios que caen sobre él como una lluvia de piedrecitas se tapa la cabeza con sus zarpas. Cuando parece que ha dejado de llover cheerios Wilfred vuelve a mostrar su cara asustada; pero algo continúa sobre su cabeza. De repente un ratón regordete, gris oscuro y de ojos marrones se asoma sobre la cara de Wilfred mirándole fíjamente a los ojos. Wilfred, sobresaltado, reacciona violentamente saltando al aire y lanzando al ratón lejos. Éste cae en medio del lavabo (caja de arena) de Wilfred. La sorpresa de Wilfred se transforma en rabia y se acerca con las uñas sobresalidas hacia su caja. Piccollino, el nombre de este ratón de cara bonachona, se encuentra en medio de la arena sucia. Se levanta, ve a Wilfred, y dice que es un poco guarro..que podría limpiar su caja un poco. Wilfred, siguiendo su instinto felino, levanta su zarpa preparando su ataque. Piccolino se agarra a una de las uñas del gato y la utiliza para salir de la caja. Luego le dice: "¡Bueno por lo menos tienes modales y me ayudas a salir de ese meadero!" WIlfred furioso pero sin saber como reaccionar sigue al ratón. Éste empieza a recoger "cheerios" del suelo comiéndoles golosamente. Mientras tanto va hablando solo. Le dice a Wilfred que se alegra de ver que compartirá el piso con alguien ya que se había mudado hace poco y se sentía un poco solo. Ante esto WIlfred salta delante de Piccolino y enseñando sus largos colmillos blancos le dice: "Yo no voy a compartir mi casa con nadie! Éste es mi piso y tu vas a ser mi ofrenda para los Atunelli." Piccolino, ignorándole, recoge otro cheerio le aparta empujándole por el colmillo y le dice que ya se acostumbrará a compartir. Wilfred cada vez más histérico le dice que no. Piccolino se gira se pone en pie y le pregunta a Wilfed si acaso no conocía las ventajas de tener un ratón en su vida. Wilfred no sabe que decir. En ese momento Piccolino recoge un palillo y dice: "Te lo demostraré".

Wilfred a la caza!

En un día cualquiera de la vida de Wilfred sucedió algo inesperado. Samuel se encontraba como era usual dormido y roncando sobre el sofá. Wilfred andaba en la ventana de su casa mirando a sus vecinos del edificio de enfrente. Los gatos poseen una vista 4 veces mayor a la de los humanos, osea que Wilfred lo veía todo ampliado como si utilizase unos prismáticos. Una gatita blanca del tercero estaba subiendo las escaleras de incendio con una paloma muerta en la boca. Obviamente había hecho su caza de la semana para "pagar" a los Atunelli por su supuesta protección sobre los gatos. Wilfred se dio cuenta de que estaba a Sábado y que todavía no había cazado nada; ni una pequeña lagartija. Como Wilfred salía poco de casa se le perdonaba que muchas veces sólo pagase con unas simples moscas o una .cucaracha. Todo cambió en ese momento cuando de repente vio la bolsa de galletas en la cocina moverse como si de repente hubiese cobrado vida propia... David martín

La ley de los gatos NY

El mundo de los gatos en Nueva York no es un mundo fácil. Los humanos se piensan que son animales solitarios, egoistas y poco leales. La verdad dista mucho de esta idea preconcebida. Los Tunnelli son la realidad en el mundo gatuno. Son una mafia de gatos salvajes y crueles que sólo piensan en satisfacer los ideales del "Código Miau"; éste código fue elaborado por los ancestros del actual capo de la mafia: Colmillos de Atunelli. Este código obliga a todo gato en la ciudad de NY a seguir unas pautas de conducta:
1) Todo gato debe mantenerse distante de su dueño; nunca someterse a nadie más que a los Atunelli.
2) Los gatos deben siempe ser limpios al realizar sus necesidades; eso les diferencia de los sucios perros.
3) Todo gato debe matar a cualquier ratón, pájaro, lagartija...éstos animales traicionaron a los Atunelli generaciones atrás por lo que deberán ser eliminados.
4) Cualquier actividad no bien vista por los humanos (robo de comida y otras pertenencias) deberá realizarse por la noche sigilosamente o cuando el dueño no esté en su casa. Los gatos deberán dejar lo confiscado en el tejado de su casa a las 12:00 am o en el patio.
5) No permitir que los dueños humanos tengan otras mascotas en casa; el gato deberá volverse más arisco o eliminar al intruso. Recuerden que todo animal que no sea un gato es enemigo.
*Cualquier gato que no cumpla las normas impuestas por los Atunelli será "castigado"
De este modo todos los gatos de Nueva York, al nacer, reciben una carta en la cual se les explica las reglas que deberán seguir a lo largo de su vida. Hasta ahora ningún gato había desobedicido las órdenes de los Atunelli...